Soy Andrea Espigares, médico internista con más de 20 años de experiencia, y en este tiempo me he especializado en detectar patrones e interrelacionar síntomas y alteraciones en situaciones complejas de salud. Con un enfoque siempre basado en evidencia científica.
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Al ir pasando el tiempo (me voy haciendo mayor) me voy dando cuenta de que necesito respuestas médicas para mí misma, como mujer. Pero veo la cantidad de información confusa en redes sociales y tantas recomendaciones y mensajes contradictorios que resulta muy difícil saber qué tiene sentido y qué no.
Por eso, surge la idea de mi enfoque de la Medicina Interna de la Mujer: porque en perimenopausia empezamos con un conjunto de alteraciones que no siempre son solo las hormonas. Y la medicina clásica no las describe.
Las mujeres no estamos en los libros.
Es cierto que las hormonas influyen y son un factor que se interrelaciona con todo.
Pero no son el único factor.
Además, en torno a los 40 estamos en un periodo de máxima exigencia personal, familiar y profesional. Y necesitamos reenfocar nuestra salud, tomando medidas para que estos cambios hormonales no nos interfieran en el día a día: no podemos gestionar las reuniones como antes, tenemos que apuntarlo todo, duelen las articulaciones, cansancio inexplicable...y tolerancia cero a la mínima. Al tiempo que empiezan a aparecer otras alteraciones de salud.
Nuestra biología está funcionando diferente y nos empeñamos en usar nuestro cuerpo como si tuviéramos 20 años menos. O quizá es lo que la sociedad nos exige...aquí podríamos filosofar.
El caso es que las hormonas son, en algunas ocasiones, un confusor. Y en otras, un precedente de cambios biológicos que preceden a la enfermedad y que podemos detener o ralentizar si conseguimos esa visión de conjunto y tomamos decisiones informadas en nuestra salud.
¿Te animas a diseñar tu salud para los próximos 20 años?
Un poco más sobre mí...
Me licencié en Medicina en 2004 en la Universidad de Granada y elegí Medicina Interna porque era la especialidad que me permitía entender al paciente en su conjunto, sin limitarme a un solo órgano o sistema.
Durante más de veinte años he trabajado atendiendo a pacientes con enfermedades complejas, como internista y después más dedicada al ámbito de las enfermedades infecciosas. Esta experiencia me enseñó que los síntomas de las enfermedades complejas no se pueden seprarar en compartimentos y que, muchas veces, la clave está en encontrar la relación entre problemas que aparentemente no tienen nada que ver. Porque al final, todos esos síntomas, están en una única persona.
Mi curiosidad me llevó a necesitar conocer la medicina desde otro lugar:.
Trabajé 4 años en investigación y desarrollo clínico dentro de la industria farmacéutica y biotecnológica. Allí pude conocer desde dentro cómo se diseñan los estudios, cómo se genera la evidencia y cómo se toman las decisiones que permiten que un tratamiento llegue finalmente a los pacientes.
Esa etapa aumentó mi forma de ejercer. Me hizo más rigurosa, más crítica con la evidencia y también más consciente de todo lo que todavía nos queda por estudiar, especialmente en la salud de las mujeres.
Y ahora, viviendo yo misma los cambios de esta etapa, quiero aplicar esa experiencia a una medicina que nos ayude a las mujeres a entender qué nos está pasando (además y junto con las hormonas) y a tomar el control de nuestra salud.
Hasta que la salud de las mujeres ocupe el lugar que merece
en los libros de medicina.